Productos elaborados con

material 100%

HENEQUÉN

(sisal)

Calidad desde 1975

Nuestros productos elaborados con material 100% Henequén tienen como propósito brindar a nuestros clientes la mejor calidad y durabilidad.

Buscamos fomentar el uso de materiales orgánicos y responsables con el medio ambiente

Productos de alta resistencia

Productos biodegradables

Envio a todo México

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Industrias que prefieren nuestros productos

Artesanal

Los hilos de Henequén son resistentes y duraderos. Se pueden utilizar en la creación de productos de alta calidad como canastas, tapetes y otros objetos decorativos.

Tapetes

Los tapetes de Henequén son una opción sostenible y elegante, además es una fibra natural que es resistente y duradera, lo que lo convierte en un material ideal para la fabricación de tapetes y alfombras.

Manualidades

El Henequén es un material versátil que puede ser utilizado en una amplia variedad de manualidades. Desde cestas hasta posavasos, el henequén puede ser trenzado, tejido y cosido para crear piezas únicas.

Leyenda del Henequén

Cuenta la leyenda maya que el Dios Zamná caminaba por un plantío de Henequén y fue herido por las espinas de una hoja. Inmediatamente, se dio cuenta de que de esta salían unas fibras muy resistentes, las cuales serían de gran utilidad para su pueblo.

Nuestra empresa tiene como base el servir a la comunidad; facilitar y simplificar las maniobras en el trabajo rudo.

Desde una compañía multinacional hasta el uso de nuestro material de una sola persona; Ayudar y apoyar a la pequeña, mediana y gran empresa.

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La leyenda del Henequén

Donde hoy se levanta la ciudad de Izamal, arribó, hace muchos años, un grupo de peregrinos conocidos como los Itzáes.

Habían navegado y caminado mucho para llegar hasta allí, pero tenían paz en su corazón, porque los guiaba un sacerdote bondadoso y sabio conocido como Zamná, al cual la Reina del continente Atlante le había confiado.

Zamná,” le dijo, “tú eres el sacerdote más sabio y bondadoso de mi reino, por eso te he elegido: debes saber que mis astrónomos han leído en el cielo que nuestra tierra desaparecerá en la próxima luna. Quiero que escojas un grupo de familias de mi reino, y tres de los Chilames más sabios, para que lleven los escritos que cuentan la historia de nuestro pueblo, y escriban lo que sucederá en el futuro. Llegarás a un lugar que te señalaré y fundarás una ciudad. Debajo de su templo mayor, guardarás los escritos y los que se escribirán en el futuro, para conservar la historia del país Atlante”.

Y terminando con su vaticinio, señaló: “En nueve canoas, saldrás con los escogidos hacia el poniente. Después de nueve días, hallarás una tierra sin ríos ni montañas y entrarás en ella. Cuando encuentres agua, fundarás la ciudad que te he ordenado”.

Zamná llegó a esa tierra sin ríos ni montañas; era la tierra señalada por la Reina, pero no encontraba el agua que ahora necesitaba.

De pronto las nubes se oscurecieron y cayó una lluvia interminable, que fue festejada por los peregrinos, quienes danzaban alegres por el agua que les cayó. Zamná salió a buscar donde guardar el agua que caía, y al acercarse a una planta, una espina se le clavó en el muslo, ocasionándole una punzada.

La pierna de Zamná comenzó a sangrar. Para castigar a la planta, los Itzáes le cortaron las hojas, y las azotaron contra las lajas (piedras grandes, lizas y planas) que abundaban en esa tierra. Inmediatamente, Zamná se dio cuenta de que de las hojas azotadas salían unas fibras muy resistentes, las cuales serían de gran utilidad a su pueblo.

La lluvia no cesaba, y el agua que caía se deslizaba con rapidez, como atraída hacia un lugar. Zamná siguió el curso del agua, hasta llegar a una oquedad donde se precipitaba. Era el sitio señalado por la Reina.

Allí Zamná, el sabio bondadoso, uniendo la lluvia, el poder del cielo, del Henequén y de los hombres, fundó la gran Izamal en una fecha que se pierde en la noche de los tiempos.